3/9/09

Pseudonimado

A veces, entran ganas de romper cosas. En general, nada especifico, y, cuanto mas grande, mejor. Como tirar un televisor, una estanteria, o un colchon por la azotea.

Es un estado transitorio de locura o enajenacion mental en el que uno no es uno mismo, hasta que no parte algo. O lo parte to.

¿Y sabeis que sienta mejor incluso que reventar cosas grandes?

Reventar cosas CARAS. Despues, cuando vuelves a ser tu mismo, te das de chocazos con la pared y te arañas la cara como una plañidera (si es que se llamaban asi esas mujeres tan lloronas y ruidosas de los entierros, es que no lo recuerdo); pero, durante ese instante, te sientes poderoso, plantas cara a todo el mundo en plan "¡JA!¡He desperdiciado dinero, ese dios tan preciado para vosotros!". Vale, que si, que luego te cagas porque es un dios omnipresente que nos jode a todos por igual, pero has tenido un orgasmo de ateismo que lo flipas.

En fin, que no soy yo, y voy a partir algo. Grande. O caro. Ya vere que pillo antes.

10/8/09

Entre las cenizas del recuerdo V

Una sensación de caída que corroe el interior, aunque esté sentado. Es como si algo se retorciese en lo más profundo de mi pecho y se despegase de mis entrañas, bajando, dando vueltas en espiral y cayendo sin remisión hasta abismos desconocidos, fosas abisales inexploradas del subconsciente, aunque el yo consciente se sabe a salvo, en un sofá, con las piernas en alto y un cenicero sobre la rodilla del que se escapa un hilillo de humo porque acabo de mal apagar el cigarro.
Ahí, con el último cigarrillo que me quedaba, yacen las esperanzas de una noche sin ansiedad, ocultas entre las cenizas del recuerdo de conversaciones atrasadas y preguntas de respuesta evasiva. Increíblemente, se puede aguantar el tipo y mirar fijamente a los ojos al pasado de uno mismo, pero... este sentimiento... esta certeza de estar hundiéndome... no sé si mereció la pena.
¿Por qué se giró, y me llamó?¿Por qué, cómo pudo reconocerme?
Es como si un demonio que creía al fin exorcizado hubiese forzado la puerta de mi alma y se carcajease entre los restos de una existencia que se había desprotegido en su ausencia. Todo demasiado repentino, sin darme tiempo a levantar barreras de nuevo. Ha sido un ataque sorpresa y a traición que de nuevo me sume entre estos cojines y se acaba mi tabaco.
No es justo que pueda apuñalarme por la espalda con la misma facilidad que un susurrante asesino, experto de mis puntos débiles y además fundido entre las sombras como una más.
Las segundas partes nunca fueron buenas, dicen, y cuánta razón tienen. Incertidumbre, desconcierto, cuando creía al fin olvidado algo se levanta de su tumba y me atrapa sin esforzarse siquiera, sin pretenderlo.
Hay rencores que luchan por aflorar, pero los acallo con fiereza; también se manifiesta un cosquilleo incómodo entre los omoplatos, junto con una punzada molesta que se aposenta en mi nuca y me pone todos los vellos del cuerpo de punta.
Tampoco es justo que me excite al verla de nuevo. ¿Por qué?¿Por qué vuelve?¿Por qué demonios se giró en la calle?¿Por qué tuvo que reconocerme...?

¿Por qué tuvo que irse?





FOO FIGHTERS - LET IT DIE

A heart of gold but it lost its pride
Beautiful veins and bloodshot eyes
I've seen your face in another light
Why'd you have to go and let it die?

Why'd you have to go and let it die?
Why'd you have to go and let it die?
In too deep and out of time.
Why'd you have to go and let it die?

A simple man and his blushing bride
Intravenous, intertwined
Hearts gone cold your hands were tied
Why'd you have to go and let it die?

Why'd you have to go and let it die?
Why'd you have to go and let it die?
In too deep and out of time.
Why'd you have to go and let it die?

Do you ever think of me?
You're so considerate.
Do you ever think of me?
Oh, so considerate.

In too deep and lost in time
Why'd you have to go and let it die?
Beautiful veins and bloodshot eyes
Why'd you have to go and let it die?

Hearts gone cold and hands were tied.
Why'd you have to go and let it die?
Why'd you have to go and let it die?

Do you ever think of me?
You're so considerate.
Did you ever think of me?
Oh, so considerate.

In too deep and lost in time
Why'd you have to go and let it die?
Beautiful veins and bloodshot eyes
Why'd you have to go and let it die?

Hearts gone cold and hands were tied.
Why'd you have to go and let it die?

Why'd you have to go and let this die?
Why'd you have to go and let this die?
Why'd you have to go and let this die?
Why'd you have to go and let this die?

Why'd you have to go and let it die?

24/7/09

Señal tardía

A la espera de una señal tardía, sin saber siquiera hora exacta ni lugar, el tiempo aterido a las manos y los ojos, el cansancio a los párpados, el mieod al cuello, observo. Cuerpos huecos, mentes llenas de serrín, monótona y embriagadoramente manipulables.
El andén cambia de estación, se cancela un vuelo a última hora, y es impòsible salir ni entrar. Como en un poema de Poe, con fatídicas aves en sombrías habitaciones, o un cuento de Lovecraft, de míticos terrores que uno mismo inventa, o una película de Hitchcock, tranquila y, sin embargo, desquiciante.
Los sentidos se entumecen, las piernas se acimentan, y las puertas abiertas no invitan más que a un trágico final.
Ni una mirada ofrece libertad aquí. Sólo espera. Espera que se pega a mi piel, me asfixia, y que entre resuellos masculla caucho sobre alquitrán, gente que sale y entra, presa, presa y con las puertas abiertas.
A la espera de una señal tardía, grises en hora punta, horizontes que no conocen atardeceres. No hay agua, ni luz. Só.lo frías rosas negras enredándose en mis brazos y clavándome sus espinas, inyectándome gris.
Me inyectan rutina.

18/7/09

Entre las cenizas del recuerdo IV

Albergar tantos recuerdos tan largo tiempo aletargados que la mente ahora parece sumirse en otras vidas, en otras mentes, y ver a través de los ojos de otras personas infinitud de momentos de media sonrisa. Como mirando bajo el agua, intentando vanamente fijar la vista en una figura borrosa. El prisma anacrónico tiñe de escala de grises y distorsiona nombres y personas, y todo se difumina en vorágines de "ese no soy yo"... No puede ser nadie, ya fue, todo queda en el pasado, como los borradores de algún escritor que no sea tan melancólico como ese que ahora se sienta a beber ron miel con un cigarrillo en la boca, un álbum de fotos en una mano y una pila de viejos cuadernos recuperados de entre las cenizas del recuerdo sobre sus rodillas.

Eso es la añoranza. Creo. Algo parecido tenía aquel tipo tan raro de ayer a las once.


(Extraído del diario de una prostituta apodada "Jolene").

11/6/09

Gritos

Una historia para Mita. No quiero que llores ni grites. Sólo si puedo oírte.



¿Qué tal una noche de tormenta?
Oh, sí, fue terrible. Pero no sabes lo peor. No sólo hubo rayos, truenos y relámpagos, y lloraron los bebés y los perros empezaron a ladrarle al granizo que caía y pesaba toneladas, como si de pronto hubiesen decidido tirarle al mundo tres veces su peso en hielo.
No sólo se cometieron tres violaciones y dos asesinatos que, entre el ruido, pasaron desapercibidos. Tampoco sólo le pegó un padre a su hijo hasta dejarlo inconsciente por intentar proteger a su madre cuando llegó a casa borracho, resguardándose de la terrible tormenta.
No sólo rompió a llorar una mujer porque, en el mismo momento en el que la tormenta más arreciaba, su hija con leucemia expiró.
No sólo rompió a llorar otra porque encontrase a su hijo de diecisiete años muerto en la cama, aún con tres rayas de cocaína en la mesita de noche, esperando.
No sólo pasaron esas cosas, y no fueron lo peor que pasó aquella noche.
Aquella noche tres jóvenes chicas perdieron la inocencia que les quedaba, fueron despojadas a la fuerza de toda libertad y elección, y obligadas a ser inferiores a otros seres humanos. Dos personas perdieron cualquier segunda oportunidad que pudiesen necesitar. Un niño maduró demasiado rápido, de golpe, y conoció el odio antes que el primer amor.
Dos mujeres enterraron a sus hijos.
Lo peor de aquella noche no fueron los números, o los datos, es decir, lo que saldría al día siguiente en “sucesos” en el periódico.
Lo peor de aquella noche fueron los gritos...
Sí... los gritos...
Porque todas esas cosas significan gritos, porque son muchos los sentimientos encontrados y maltratados. Quizá no en esa misma noche, o en mucho tiempo, quizá no exteriormente... pero sí habría muchos gritos.
Y lo peor de aquella noche es que la tormenta los acalló todos.



Si salgo corriendo, tú me agarras por el cuello,
y si no te escucho... grita.
Te tiendo la mano, tú agarra todo el brazo,
y si quieres más, pues... grita.
Jarabe de Palo



Sarcasmo

Pobre sarcasmo, ya nadie lo usa.
Pobre sarcasmo, ya todos se insultan.
P.J. Rosado




La ambigüedad se ríe bajito y el sarcasmo hace tss
Ella no recuerda muy bien cuándo empezó a fijarse tanto en los detalles.
Él no sabe cuándo dejaron de importarle.
Ella ya no discierne lo que siente entre tantos buenos momentos.
Él cada vez lo tiene más claro.
Ella se arrepiente de haber malgastado el tiempo.
Él no se arrepiente de nada, a pesar de todo.
Ella lo mira, conteniendo el aliento. Está plácidamente dormido, con los labios entreabiertos y una mano en la frente, en una postura de lo más femenina, aunque adorable en cierto modo. Le huele el aliento a tabaco y whiskey, pero no es desagradable. Él huele a confianza, a seguridad, y allí, abrazada a su pecho desnudo, envuelta por su fuerte brazo, se siente protegida e inmune. Aunque nunca le haya gustado.
Él la contempla, suspirando. Duerme de lado, dándole la espalda, abrazada a sus piernas, y a veces le tiemblan los hombros en quedos sollozos, como si tuviese pesadillas. Entonces la abraza, y acaba por darle la vuelta y volverla hacia él. Es cuando ve su cara dormida, con el ceño ligeramente fruncido, y respirando de un modo trémulo por la nariz. Y le duele tanto que cierra los ojos, y se los tapa con el brazo para no mirarla de nuevo.
Y tantos, tantos ella pero él, él sin embargo ella, instantes confusos y pensamientos dispares, sí y no, que, al final, la ambigüedad se ríe a carcajadas, y el sarcasmo hace tss

30/5/09

Noche friki

Anoche cenamos sushi. Y pollo yakitori, y alitas con salsa especial, y un par de cosas más, y sake, pero sin duda lo mejor fueron las charlas sobre fenómenos paranormales, las discusiones otakus, los piques de cultura general y la mítica frase que comenzó la noche.

- Espero que todo salga bien y no llueva ni na.
- Tira un dado.


...simplemente magnífico.

28/5/09

Qué wapo xDD

Gocheando a David Frost:

1 - Ve a Wikipedia. Elige artículo aleatorio.
El primer artículo que te salga del random es el nombre de tu banda.

2 - Ve a Wikiquote. Igual que antes, elige un artículo aleatorio.
Las últimas cuatro o cinco palabras de la última frase célebre (quotation) será el título de tu primer álbum.

3 - Ve a Flickr y click en "explore the last seven days".
Tercera foto, no importa lo que salga, esa será la portada de tu disco.


Nombre de la banda: Socorro Rojo Internacional
Nombre del primer álbum: El pariente pobre de la democracia (cita de Marcelino Camacho)
Portada del disco: Aquí

25/5/09

Entre las cenizas del recuerdo III

¿Qué parece el rastro de la gente? Vasos rotos, oscuridad prematura y bolsas vacías. Voces de fondo, es todo lo que queda, fundido en negro, como en una foto antigua escalas de grises que recuerdan irremediablemente a una noche de fiesta cualquiera, a una juventud desfasada, a un polvo fácil, que se rememora sólo entre amigos. Los pasos se adueñan del consciente bebedor que saborea ron entre labios desconocidos.
Su pulso se acelera inexplicablemente con las luces semiapagadas de las farolas.
El escritor sonríe irónicamente, abrazado a su sobriedad como un náufrago a un madero, desesperada e inútilmente. Tarde o temprano sus dedos perderán la fuerza, su sobriedad se disipará entre bocanadas de agónica esperanza, y su coma etílico sucumbirá junto a desconocidos rostros en desconocidas mañanas que saben a alcohol. El escritor observa a su amigo, pintor, que bebe café entre inconsciencias.
- Te dije que no bebieses.
- Cállate.
Sí, eso, te lo dijes. Siempre te lo dijes, siempre con la razón. ¿Qué sentirá la gente que tiene siempre la razón?, se pregunta con desenfocadas pupilas mientras imagina empuñar un bolígrafo para ponerse surrealista. Está tan acostumbrado a equivocarse que ni con su prodigiosa imaginación es capaz de ponerse en la situación de alguien cuyas verdades siempre sean indiscutibles.
Además, era mucho mejor artista que él, y, aunque fuese su mejor amigo, esa envidia por su talento siempre había estado ahí agazapada, y ahora se bañaba con los cubatas, en una especie de orgía mental entre los recuerdos que afloraban a su semiconsciencia.
- Cállate, y sigue bebiendo tu asqueroso café.
- Pero te lo dije. Y aún estabas sobrio, así que podrías haberme oído. Te lo dije, ¿no?
- Ah, sobrio... sobrio... recuerdo cómo era eso... ¿cómo era eso?
- Como cuando podías tenerte en pie.
- Ja-ja... mira cómo me río. ¿Ves cómo me río? Me descojono con tus ocurrencias.
- Ni siquiera eres capaz de soltar un sarcasmo decente. Deberías parar ya. Los otros ya han parado.
- No tienen aguante, están todos por ahí tumbados ahogándose en su propio vómito.
- No es cierto, están en el salón, bailando, tú eres el que ha ido a vomitar, y ahora está tumbado en la cama de la habitación de invitados.
- Cállate.
- ¿Por qué te haces esto?
- ¿Y tú por qué crees? - recordó pensar algo parecido a "basta ya de polladas" - Porque me he entregado a una espiral autodestructiva melancólica digna de Baudelaire, ¡envidiadme, poetas del siglo XIX! - alza el puño e intenta incorporarse en una pose victoriosa - ¡Ni con vuestro opio y absenta...! - vomita - ¡...podéis ganarme!¡Porque estáis muertos!¡Ja! - vuelve a caer sobre la cama.
- Agh, qué asco, mira cómo has puesto el suelo, está todo perdido...
- Creí haberte dicho que te callases.
- Cállate tú, ¿no te jode?¿Quién crees que tendrá que limpiar después? Ésta es mi casa, capullo, y has vomi... ¡Dios!¿Qué cojones es eso?¿Chorizo?¿Es que no masticas?
- De vez en cuando se me olvida, no creí que me lo tuvieses en cuenta.
- Tu vida se ha convertido en alcohol, comida basura y putas, ¿qué coño te pasa?¿De verdad que estás en una espiral autodestructiva? - el pintor calló un momento. Entre la oscuridad de la habitación y los nublados sentidos del escritor, su rostro en sombras parecía desaparecer en la noche - ¿Es por ella?
- Cállate.
- ¡Oh, sí que es por ella!¿Por qué? - parecía enfadado. Con razón, a no ser que el alcohol también hubiese empezado a borrarle la memoria (cosa que agradecería), el escritor tenía construida la teoría de que aquel gran amigo suyo iba tras su culo - Ya han pasado casi dos años, ¿no crees que el tiempo razonable de lloriqueos pasó hace tiempo?
- Que te calles, ¡he dicho! - se incorporó en la cama, quedando frente a su amigo, que le tendió un botellín de agua. Se limitó a echárselo por el cuello, deseando con todas sus fuerzas que los latidos en su cabeza acallasen o explotasen de una vez, que desapareciesen - No tienes ni idea.
- Oh, por supuesto, nunca tengo ni idea.
- Pues no, para tu información, eres un ignorante.
- Así que ahora soy un ignorante, ¿eh? - un brillo extraño asomaba a su mirada. "Bah, a la mierda con todo esto" recordó pensar justo antes de lanzarse al cuello del pintor.
Después, todo fue confuso, rápido y feroz, un amasijo de sábanas o imágenes con frases cortantes e irónicas.
- ¡AGH! Te sabe fatal la boca.
- Entonces no me beses ahí.
- ...has engordado.
- Que te calles.

A la mañana siguiente, el escritor se levantó con cuidado de no despertar al pintor, que tenía media espalda cubierta por esa melena de rizos negros que cuidaba con tanto cariño, y estaba expuesto al frío mordisco del viento matinal en el resto del cuerpo.
En el salón, cuerpos desnudos o semivestidos se cruzaban sobre las alfombras y los sofás, una pareja aún se movía y gemía tras la barra americana. Cogió un paquete de tabaco que estaba por el suelo y se adueñó de un cigarrillo, que se encendió al sentarse en la barra y mirar por el inmenso ventanal.
Estaban en un octavo piso, y se veía la ciudad, hasta lo lejos, donde un amanecer colorido y cuidadoso despertaba. La parte buena del atávico ciclo.
Un par de minutos después, mientras los gemidos subían de tono y el alba teñía de dorado calor los tejados, apagó el cigarro en un cenicero lleno a rebosar, mezclando en su imaginación sus memorias y vivencias con toda la noche pasada, rostros y momentos, fragancias y frases, voces y pieles... cenizas entre cenizas.

Y Jolene...



"Ella daba dos pasos hacia delante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo

Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza

Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla

Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma

Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia
Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas
". Vicente Huidobro

22/5/09

Entre las cenizas del recuerdo II

A veces, el amanecer despierta entre ronroneos y caricias, desperezándose con cuidado de no rozar la noche para que pueda descansar tranquila, estirando con adormecida lentitud y recién adquirido cuidado reverberantes nubes de mortecino color. En el vagar de las olas o el suave suspirar de la tierra, sobre escaleras y cieno o árboles y arena… tiñendo de ámbar y lila el horizonte.
Otras veces, sin embargo, su despertar es brusco, repentino, como el de un niño acosado por pesadillas, y entonces su inquietud golpea la oscuridad como un puño cerrado, sin suavidad ni cuidado alguno. Su respiración agitada remueve los cielos, y su frío sudor baña el viento, manchando de un gris sucio y resquebrajado de blanco la mañana.
El escritor lo sabía, lo había adivinado tras muchos cigarrillos de madrugada, y lo había llamado en su fuero interno “el atávico ciclo”.
Había copiado el gusto por la palabra “atávico” de una vieja amiga cuyo nombre se le escapaba entre los dedos por la culpabilidad, por no haber seguido en contacto, o algo parecido.
Aquella otra mañana, como muchas antes, era una de esas bruscas y repentinas.
Tiró el cigarro a medias, con una mueca resignada, consciente de que le esperaba un día amargo. No paró en la cafetería de abajo, notando ya en la boca el sabor a ceniza y café, a inspiración despechada y ajenidad.
Simplemente continuó caminando sin esperar ni encontrar nada, sin buscar tampoco; bueno, quizás un pequeño resquicio de mundo que no le mostrase que la melancolía, por inútil que fuese, seguía ahí. Añoraba esos días en los que no añoraba nada. Maldijo entre dientes por la redundancia, y sonrió agriamente por la ironía.
Los coches que pasaban por la calle aquel día parecían nuevos, recién lavados todos ellos, brillante el metal de la chapa y reflexivos los cristales. ¿Podrá un cristal, o un espejo, realmente reflexionar? Se preguntó sin prestar demasiada atención a lo que pensaba. ¿Y qué pensará un espejo?¿”Ojalá fuese más guapa ésta que se mira cada mañana”?¿”Quítate ya ese maldito bigote, ¿no ves que no te queda bien?”? Tenían que ser superficiales, por fuerza. Habían sido hechos para serlo.
Los cristales ya eran otra cosa. Dejaban pasar la luz (la mayor parte del tiempo), y observaban todo desde dos perspectivas, dentro y fuera. ¿Dónde estaba dentro, y dónde fuera? Para ellos no supondrá tanta diferencia, ¿no?
Volvió a maldecir entre dientes. Había llegado a un callejón sin salida, y no era una metáfora de sus infructuosas cavilaciones que ni intentaba responder (que también). Al dar media vuelta, se descubrió en una zona bastante alejada de la ciudad, donde la mañana, al parecer, ya había superado su mal despertar.
Y allí, acodado en un alféizar, vio a un joven de aspecto cansado y abatido. Su postura y expresión no parecían las típicas en una persona de su edad, que, por definición, suelen ser joviales. Al escritor se le antojó autocompasivo, y ahogó una nueva carcajada agria, pensando en espejos y reflexiones inútiles. Y melancolía.
Se apoyó en una parada de autobús, fingiendo esperar y espiando por el rabillo del ojo al chico de mirada acuosa. Oh, sí, melancolía y autocompasión, sin duda, todos los signos inequívocos. Semblante perdido en pensamientos o sentimientos malheridos, ceño fruncido en gesto de incredulidad, lagrimales gritando con inminencia, flojera en todo el cuerpo, manos temblorosas…
O a lo mejor estaba enfermo.
De pronto, sonó un timbre absurdo desde el bolsillo de su objeto de estudio, que, con la faz iluminada, sacó uno de esos móviles enanos de última generación, pero la esperanza murió en cuanto tuvo la pequeña pantalla ante sus ojos.
Desamor, aventuró con seguridad el escritor. No era ella.
El autobús llegó, y, para no seguir parado allí y revelar su escrutinio, subió, maldiciendo entre dientes. Se sentía cruel, pero algo mejor, a pesar de todo. Notó de nuevo ese sabor amargo, de despertar brusco, pero lo ignoró deliberadamente, fingiendo que tampoco paladeaba esas cenizas del recuerdo, esa añoranza, aunque fuese sólo unos instantes. A ratos, gustaba eso de contemplar a otro más desdichado y patético que uno mismo.



"Nadie recuerda un invierno tan frío como éste.
Las calles de la ciudad son láminas de hielo.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.
Helado está también mi corazón,
pero no fue en invierno.
Mi amiga,
mi dulce amiga,
aquella que me amaba,
me dice que ha dejado de quererme.
No recuerdo un invierno tan frío como éste.
" Ángel González



"CREPÚSCULO, ALBUQUERQUE, INVIERNO
No fue un sueño,
lo vi:
La nieve ardía.
" Ángel González